Más o menos

Más crear. Menos consumir.

Más guiar. Menos seguir.

Más contribuir. Menos tomar.

Más paciencia. Menos intolerancia.

Más conectar. Menos aislar.

Más escribir. Menos mirar.

Más optimismo. Menos falso realismo.

(By Seth Godin)

Educando en la certidumbre* (Art. original de Seth Godin)

Así es como está organizada la educación tradicional:
Seguro que mañana tendrás clase de ciertas asignaturas.
Esas clases se ceñirán al plan de estudios. Seguro.
Seguro que tendrás que examinarte.
Si apruebas los exámenes, seguro que pasarás de curso.
Si apruebas con buena nota, seguro que irás a una buena universidad (a lo mejor no es tan seguro, pero bueno…).

Si repites obedientemente estos pasos durante más de diez años, seguro que conseguirás un trabajo, con un horario y un plan de carrera (esto tampoco es tan seguro).
Se te dice qué debes hacer, y cuando respondes recitando los apuntes que has tomado, se te premia.

Oops.
Hemos preparado a la gente para estar segura durante años, y luego les lanzamos a una cultura y una economía en las que apoyarse en la certidumbre no les beneficia en casi nada.

Criar a los niños en libertad, dejarles correr por mitad del monte, experimentar el deseo de decidir por uno mismo… parece una forma más robusta y resistente de prepararles, no? ¿Quién te enseña qué hay que hacer cuando las cosas seguras no suceden?

Nota del autor: su ebook “Stop Stealing Dreams” está disponible en este enlace. Bienvenidos de nuevo a clase.


* Aquí inauguro una nueva línea de posts, que serán traducciones de alguna entrada de algún blog que sigo y/o me interesa. En este caso corresponde al blog de Seth Godin (http://sethgodin.typepad.com/seths_blog), quien me ha dado permiso expreso para traducir y compartir alguna de sus entradas.

Nos expropian el sol

Parecía que iban de farol. Que solo era un globo-sonda para meter miedo, y evitar que la gente se lanzara a instalar paneles solares para reducir la factura de la luz.

Pero no. Lo han hecho.

Es duro decirlo, y más en mi caso, pero aún tengo memoria, y recuerdo que hace unos años, en mi casa paterna, con un solo sueldo y sin lujos, la calidad de vida que teníamos no era peor que la de ahora. Cierto que no había muchísimas cosas que ahora sí tenemos, incluyendo el nivel de vida que ahora parecemos disfrutar, pero todos los años podíamos ir unos días a la playa, comíamos razonablemente bien, pagábamos las facturas de luz, teléfono, gas y agua, sin demasiados problemas, nos comprábamos algo de ropa de vez en cuando, y salíamos con amigos los fines de semana. La pobreza, con la que convivíamos habitualmente, era una pobreza digna, y no era tan difícil mejorar tu situación.

Los autónomos y pequeños empresarios, con esfuerzo (pero no más que ahora), vivían relativamente desahogados.Los trabajadores por cuenta ajena tenían sueldos modestos en general, pero las cosas tenían un precio mucho más asequible. Al menos las necesarias.

Y sabíamos lo que era “apretarse el cinturón”. Éramos conscientes de nuestras posibilidades, y nos adaptábamos a ellas. Si no había para un coche grande, nos comprábamos uno pequeño. Si no había para pagarse un mes de hotel en Mallorca, nos íbamos de camping, con todos los trastos para hacer la comida y demás. De vez en cuando podíamos ir a comer de restaurante, casi como ahora, vamos.

Triste balance, el que nos hace pensar que tenemos que aguantar que roben, nos estafen, vendan lo que es nuestro para que otros hagan negocio.

Nos han metido en Matrix, y no nos hemos dado cuenta.

Los amigos perdidos

Dicen que los padres te vienen dados, pero los amigos los eliges tú. He estado pensando en esos amigos que un buen día, te das cuenta de que ya no están.

No me refiero a los que han muerto, como Javi Lobo, o Kike Ordejón. Hablo de personas a las que has considerado amigos de verdad; con quienes has compartido algunas de las pocas cosas de valor que hay en la vida, tardes malditas, días tristes, fiestas inolvidables, simples paseos charlando de esto y aquello.

amigosAmigos que te han dejado su hombro para llorar, o que has tenido que animar en algún mal momento. Amigos que emplearon tiempo en elegir algún regalo para tu cumpleaños. Que te escribieron cartas contándote cómo les iba.

Amigos que te acompañaron cuando sufriste alguna pérdida dolorosa. Con los que celebraste el último aprobado, o ese primer empleo. O has sido testigo del reparto de bienes cuando su divorcio.

Unas relaciones te llevan a otras, y a veces te alejan de algunas. Pero los amigos… los de verdad, siempre están ahí. Me precio de tener muy buenos amigos. No muchos, pero muy buenos. De la más alta calidad.

También he perdido algunos buenos amigos. En algún caso, sin saber muy bien por qué. Se va dejando de llamar, se comete algún error, se actúa de forma impulsiva o irreflexiva, te vas distanciando, y llega un momento en que te das cuenta de que esa persona tan cercana ya no tiene nada en común contigo.

A veces les echo de menos.

Confiemos unos en otros

Lo peor que nos puede pasar, el peor pecado que podemos cometer, es perder la confianza en los demás.

La falta de confianza es como la envidia. Nos hace infelices, sin hacer feliz a nadie. Nos hace recelosos. Nos hace sospechar de todo y de todos. Con razón o sin ella.

La envidia te corroe por dentro. La desconfianza te amarga el alma.

Sin confianza, no podemos convivir unos con otros, porque siempre estaremos mirando por encima del hombro. Nunca podremos dormir tranquilos, descansar, por miedo a que ser traicionados.

Es gracias a la confianza por lo que el mundo se mueve. Gracias a que unos confían, los otros pueden desarrollar sus posibilidades. Si hoy desapareciese la confianza, no habría un mañana.

La mayor prueba de amor es confiar en aquellos a quienes quieres. Aunque te hubieran fallado. Aunque no hubiesen estado a la altura de lo que esperabas de ellos. Aunque parezca que hay motivos.

Ninguno somos perfectos. Pero incluso los criminales más abyectos, merecen el privilegio de la duda. Merecen ser defendidos. Y si son culpables, merecen que sus crímenes se borren después de un tiempo, y de saldar su deuda.

Entonces, ¿por qué nos seguimos acusando de cosas ya olvidadas?¿Por qué empleamos más tiempo en hacer recuento de fallos, que en decirnos lo que apreciamos unos de otros?¿Por qué buscamos la menor ocasión para echarnos en cara cualquier fallo que hayamos podido cometer?

Hace poco escuché a Pedro García Aguado (Hermano Mayor) decir en una entrevista: «Aquellos padres a los que yo odiaba dieron la cara para mi recuperación. Si mis hijas me dicen que consumen, empiezo a ahorrar dinero para su tratamiento. Pero ya he hecho un trabajo previo, un trabajo de autoeficacia, y ellas han crecido con unos referentes distintos». En cierto modo, me gustaría ser como él.

Confiemos.

La ciudadanía, esa esposa engañada y maltratada.

PePe prometió hacerme feliz.

Lo mío con PeSoe había terminado bastante mal. No creo que hubiera mala intención, pero el caso es que los últimos tres años fueron un infierno.

El caso es que la cuenta corriente estaba empezando a flojear, y bastante. Además, descubrí que me había estado mintiendo. No es que se fuese con otras, pero se gastó mucho dinero en cosas que no nos hacían falta, y claro, había que pagarlas. Cuando empezó a faltar el trabajo, y vinieron las apreturas… ya la cosa estaba clara.

Además, a mis espaldas, le firmó al del banco un papel comprometiéndose a pagar las letras aunque mis hijos no pudieran ir al colegio, o al médico. De hecho, ahora tengo a varios con hepatitis C, y no les puedo pagar las medicinas.

El caso es que nos divorciamos. Y no de muy buen acuerdo. Ya no le quiero como antes, en el 82, cuando empezamos a salir.

Con el alma dolorida, caí en las garras de otro novio: PePe. Como decía, me fue haciendo la rosca con bastantes buenas maneras… que si PeSoe subía el IVA de “los chuches”, que si nuestros amigos de Europa ya no querían quedar con nosotros, que si les había bajado la pensión a los abuelos, que él nunca les daría un duro a los bancos, que la educación y la salud de los niños iba a ser lo primero… vanas palabras.

Me dejé engatusar. El caso es que no me quería por el interés, no. Me quería por el CAPITAL. Está vendiendo lo poco de valor que nos quedaba. Tonta de mí, no me acordé de que la otra vez que estuvimos juntos, vendió Telefónica, Endesa, las Cajas de Ahorros, privatizó hospitales, favoreció a los colegios del Opus,… y claro, me decía que íbamos bien, pero era a base de quedarnos sin las joyas de la abuela. Y me volvió a comer la oreja. Soy bastante olvidadiza, y me dejo llevar por lo que me dicen los chicos. Los que querían a PeSoe estaban bastante resentidos, y se dedicaron a lo suyo, pasando bastante de la situación. Los que querían que PePe volviera empezaron a hacer mucho ruido, a decir lo bien que nos había ido la otra vez, y tal y cual, y caí. En 2011.

Pensé que la cosa no podía ser peor. Me equivoqué. Y mucho. La cuarta parte de los chicos está sin trabajo. Y de los nietos, cuatro de cada seis. Y los buenos, los que han hecho buenas carreras, se están yendo a otros sitios, porque aquí no hay trabajo para ellos… con lo que me ha costado su educación. Y gracias que muchos se han puesto serios, y han parado privatizaciones de sanidad y desmantelamientos de escuelas, que si no, PePe les hubiera regalado a sus amigotes eso también.

Amigotes… debería decir buitres. Les ha regalado los pisos de protección pública que habíamos construido, por menos de lo que nos costó. Le pidió pasta a su colega, la UE, para dársela a los mismos bancos que están echando a los hijos y nietos de sus casas. Los mismos que meten en listas negras a los que montaron empresas y negocios, y les ha ido mal.

A otros amigotes les encargó hacer carreteras de peaje, líneas de AVE, aeropuertos,… que nadie usa, porque nadie necesitaba. Ahora se lo paga por lo bajini, para que no me entere. Uno de esos amigotes empezó a meter gas en un agujero bajo el mar, enfrente de Vinaroz, y empezaron a producirse terremotos. Cuatrocientos. Vaya, que el proyecto estaba mal hecho. Pero nada, como nos sobra, PePe le ha aflojado 1.350 millones a su amigote Florentino. De un día para otro.

Así estamos, que debemos ya el sueldo entero de un año de todos los que trabajamos en casa. He echado cuentas, y sale más de un billón de euros, de los de aquí. Un millón de millones. Y si sumo lo que deben los chicos, la cosa se pone mucho más fea. Nos vamos a más de tres billones y medio. No sé cómo vamos a pagar.

Pero nada, PePe y sus colegas van viento en popa. A mis espaldas. Que si trincan en Valencia, que si trincan en Mallorca, que si trincan en Valdemoro, que si se hacen sedes nuevecitas pagadas con dinero negro, que si le sueltan un pastón a esa amiga que tiene, la Faes,… y yo vistiendo con harapos, pasándolas canutas, y mandando a los chicos a comer a Cáritas.

Sólo espero que de aquí a noviembre no me dé otro ataque de amnesia (que ya no me acuerdo de lo que quiere decir), y vuelva a creerme las milongas de PePe.

Ganar 10 millones, contribuir con 30.000€

Hay que reconocer que el chaval es listo. Sólo hay que recordar la pasada que le dió al Dottore por fuera de la pista en Laguna Seca el año pasado.Marquez vs. Rossi

La última noticia que ha dado era de esperar. Honda le renueva el contrato con unos honorarios de 10 millones al año. Echa cuentas, y le sale que tendrá que conformarse con la mitad, porque el Fisco, hambriento como un rebuscador de contenedores, se quedará con el 49% de sus ingresos.

¡Ostras! vaya palo, no? La consecuencia lógica: su pueblo, Cervera (Lérida) está apenas a 100 Km de un bonito país llamado Andorra, donde por la módica cantidad de 50.000 pavos le distinguirán con el estatus de residente, en virtud del “alto interés cultural, científico o deportivo”. Eso sí, al no tener un trabajo en dicho país, tendrá que aportar otros 30.000 del ala hasta 2018. Tarifa plana donde las haya. Cinco millones de pelas contra cinco millones de euros. La diferencia ahí está.

Y yo me pregunto… ¿qué haríamos cualquiera de nosotros si nos pusieran delante un contrato de esos? Digo justo después de firmar, aunque fuera con sangre.

Yo lo entiendo. No digo que lo haría ni que no, porque no quiero decirlo, ni me van a ofrecer un contrato de ocho cifras, y no va a haber ocasión de demostrarlo. Pero lo entiendo.

Lo que espero de Marc Márquez, y de otros tantos como él, que ya llevan “residiendo fiscalmente” en otros países más benévolos con los ricos, es que sean consecuentes, y lleven a sus hijos, cuando los tengan, a colegios de ese país. O a médicos de ese país, cuando se pongan malos.

Y las vacaciones, que las pasen en ese país. O en otro, pero que no sea en España. Que no tenga que ponerle una caña un universitario español colocado de camarero en un chiringuito de la playa; porque entre los que han robado y los que han “emigrado”, aquí sólo cotiza el pobre, y de ahí tiene que salir para colegios, médicos, funcionarios, barrenderos, jardineros, alumbrado público, carreteras, subsidios del paro, políticos, asesores de políticos, enchufados en organizaciones financiadas con fondos públicos, rescates de bancos, pagos de intereses y principal de la deuda, y así ad infinitum.

Repito, lo entiendo. La culpa la tenemos los que no ganamos 10 millones. Así nos va.