Relación causa-efecto

Dicen que todo lo que ocurre obedece a una causa. El problema es que muchas veces no somos capaces de encontrar dicha causa o causas, que se han conjurado para dirigir los acontecimientos en una dirección determinada.

Por ejemplo. El pasado viernes sufrí lo que se suele llamar eufemísticamente, una pérdida irreparable. Mi madre había muerto. ¿Por qué? No lo sé. No sé porqué estuvo catorce años enferma de alzheimer. No sé si sufría al ver a su alrededor a personas que la sonreían, que a veces se daban la vuelta para que no les viera llorar, personas a las que que había querido más que a nada, que la querían más que a casi nadie.

No sé si seguía allí, o ya se había ido mucho antes, cuando dejó de hablar, cuando dejó de tener cierto control sobre su vida, sobre sus actos. Cuando dejó de vivir.

La vida de mi madre estuvo marcada por las dificultades y el sufrimiento. Con apenas doce años, vivió una de las guerras más crueles que se pueden dar. Una guerra que enfrentó a hermanos, literalmente. Una guerra que les obligó a ella, su madre y sus hermanos, a dejar su casa e irse evacuados. Una guerra que terminó con su padre represaliado por “rojo”, y que les costó mucho superar. ¿Por qué?

Se casó con mi padre; al año y medio nació mi hermana Manolita. Dieciséis meses después, la perdieron, víctima de una enfermedad congénita. ¿Por qué?

Unos años más tarde, vinimos mis hermanos y yo. El primero fui yo. Cuando tenía 3 años, mi abuela murió víctima de un horrible cáncer de hígado. Aún recuerdo a las monjas del convento del barrio, que venían a inyectarle morfina para aliviarle los terribles dolores. Murió un mes de noviembre en mi casa, una casa modesta, de apenas 50 metros. Mis padres dormían en un mueble cama prestado, ubicado en el comedor. ¿Por qué?

En enero nació Eloisa; el nombre lo escogió mi abuela antes de morir. Cuatro años más tarde, José Manuel. Un periodo de cierta calma, hasta verano de 1984. Mi padre inicia una lucha con el cáncer que duró hasta el 29 de mayo de 1985. ¿Por qué?

Unos meses más tarde fallece mi abuelo, del mismo tipo de cáncer, y también en mi casa. ¿Por qué?

No sé si algún día encontraré respuesta a todas esas preguntas. No sé si algún día se descubrirá el mecanismo, la ley universal y secreta, que rige nuestros destinos, que gobierna nuestras circunstancias.

Sólo sé que hoy no es un buen día.