La ciudadanía, esa esposa engañada y maltratada.

PePe prometió hacerme feliz.

Lo mío con PeSoe había terminado bastante mal. No creo que hubiera mala intención, pero el caso es que los últimos tres años fueron un infierno.

El caso es que la cuenta corriente estaba empezando a flojear, y bastante. Además, descubrí que me había estado mintiendo. No es que se fuese con otras, pero se gastó mucho dinero en cosas que no nos hacían falta, y claro, había que pagarlas. Cuando empezó a faltar el trabajo, y vinieron las apreturas… ya la cosa estaba clara.

Además, a mis espaldas, le firmó al del banco un papel comprometiéndose a pagar las letras aunque mis hijos no pudieran ir al colegio, o al médico. De hecho, ahora tengo a varios con hepatitis C, y no les puedo pagar las medicinas.

El caso es que nos divorciamos. Y no de muy buen acuerdo. Ya no le quiero como antes, en el 82, cuando empezamos a salir.

Con el alma dolorida, caí en las garras de otro novio: PePe. Como decía, me fue haciendo la rosca con bastantes buenas maneras… que si PeSoe subía el IVA de “los chuches”, que si nuestros amigos de Europa ya no querían quedar con nosotros, que si les había bajado la pensión a los abuelos, que él nunca les daría un duro a los bancos, que la educación y la salud de los niños iba a ser lo primero… vanas palabras.

Me dejé engatusar. El caso es que no me quería por el interés, no. Me quería por el CAPITAL. Está vendiendo lo poco de valor que nos quedaba. Tonta de mí, no me acordé de que la otra vez que estuvimos juntos, vendió Telefónica, Endesa, las Cajas de Ahorros, privatizó hospitales, favoreció a los colegios del Opus,… y claro, me decía que íbamos bien, pero era a base de quedarnos sin las joyas de la abuela. Y me volvió a comer la oreja. Soy bastante olvidadiza, y me dejo llevar por lo que me dicen los chicos. Los que querían a PeSoe estaban bastante resentidos, y se dedicaron a lo suyo, pasando bastante de la situación. Los que querían que PePe volviera empezaron a hacer mucho ruido, a decir lo bien que nos había ido la otra vez, y tal y cual, y caí. En 2011.

Pensé que la cosa no podía ser peor. Me equivoqué. Y mucho. La cuarta parte de los chicos está sin trabajo. Y de los nietos, cuatro de cada seis. Y los buenos, los que han hecho buenas carreras, se están yendo a otros sitios, porque aquí no hay trabajo para ellos… con lo que me ha costado su educación. Y gracias que muchos se han puesto serios, y han parado privatizaciones de sanidad y desmantelamientos de escuelas, que si no, PePe les hubiera regalado a sus amigotes eso también.

Amigotes… debería decir buitres. Les ha regalado los pisos de protección pública que habíamos construido, por menos de lo que nos costó. Le pidió pasta a su colega, la UE, para dársela a los mismos bancos que están echando a los hijos y nietos de sus casas. Los mismos que meten en listas negras a los que montaron empresas y negocios, y les ha ido mal.

A otros amigotes les encargó hacer carreteras de peaje, líneas de AVE, aeropuertos,… que nadie usa, porque nadie necesitaba. Ahora se lo paga por lo bajini, para que no me entere. Uno de esos amigotes empezó a meter gas en un agujero bajo el mar, enfrente de Vinaroz, y empezaron a producirse terremotos. Cuatrocientos. Vaya, que el proyecto estaba mal hecho. Pero nada, como nos sobra, PePe le ha aflojado 1.350 millones a su amigote Florentino. De un día para otro.

Así estamos, que debemos ya el sueldo entero de un año de todos los que trabajamos en casa. He echado cuentas, y sale más de un billón de euros, de los de aquí. Un millón de millones. Y si sumo lo que deben los chicos, la cosa se pone mucho más fea. Nos vamos a más de tres billones y medio. No sé cómo vamos a pagar.

Pero nada, PePe y sus colegas van viento en popa. A mis espaldas. Que si trincan en Valencia, que si trincan en Mallorca, que si trincan en Valdemoro, que si se hacen sedes nuevecitas pagadas con dinero negro, que si le sueltan un pastón a esa amiga que tiene, la Faes,… y yo vistiendo con harapos, pasándolas canutas, y mandando a los chicos a comer a Cáritas.

Sólo espero que de aquí a noviembre no me dé otro ataque de amnesia (que ya no me acuerdo de lo que quiere decir), y vuelva a creerme las milongas de PePe.