El arte de decir “no”

A grandes rasgos, y desde el punto de vista de la psicología, hay tres estilos posibles de comunicarse con los demás: el agresivo, el pasivo, y el asertivo.

Según mi modesto punto de vista, el perfil agresivo consiste en responder buscando la manera de decir a todo que no. Llevar la contraria, aunque estemos de acuerdo. Buscar el enfrentamiento.

Cansadísimo.

Además, no contribuye a tener una vida social y personal sana y agradable. Quienes adoptan este estilo están en guerra permanente con los demás.

Antes, las empresas buscaban y fomentaban este comportamiento entre los empleados promocionables. Era el perfil del ejecutivo agresivo. He conocido unos cuantos. Algunos ya están muertos. Otros, intentando reconciliarse consigo mismos, y convivir con una úlcera sangrante o un par de amagos de infarto.

Ya no está de moda, lo que no quiere decir que esta especie esté en vías de extinción. Ni mucho menos.

El pasivo es aquel que casi siempre te da la razón. Aunque manifiestes puntos de vista diametralmente opuestos en un lapso de tiempo de 100 milisegundos, te dará la razón en ambos casos.

Si hay dos personas discutiendo sobre algo, y hay un pasivo en el grupo, siempre será el que trate de apaciguar y templar los ánimos. No toma partido. Nunca expresa una opinión personal, por miedo a que alguien le lleve la contraria.

El pasivo es un empleado modelo. Nunca lo encontrarás ocupando un alto cargo. A lo sumo, un cuadro intermedio.

Luego están los asertivos. Se distinguen de los otros dos en que escuchan a los otros, y a continuación dan su punto de vista, aunque no esté en consonancia con lo dicho.

Tienen la capacidad de decir que no sin ofender. Simplemente expresando una opinión bien formada.

Los agresivos les llevarán la contraria, pero no serán capaces de hacerles enfadarse o discutir estérilmente sobre ningún tema. No les llevarán a su terreno.

Los pasivos, simplemente les darán la razón, después de haber asentido ante los exabruptos de los agresivos.

Los asertivos son capaces de decir que no a un amigo cuando éste les propone embarcarse en un proyecto en el que no confían al 100%, simplemente exponiendo las dudas de forma que no suponga una descalificación. Sin excusas.

Quién supiera decir que no.

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