Lo justo sería…

Empiezo como siempre, con una definición según el Diccionario de la Real Academia.

“Justicia. 4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido justicia.

No es justo que se eche a alguien de su casa, salvo en muy determinados casos. Deshauciar a alguien es lo último. Y no lo digo por que haya habido personas que, ante el trance, se hayan quitado la vida, que también.

Expulsar a una familia de su casa porque no pude pagar el préstamo que en su día le concedió el banco es defender al fuerte frente al débil. Es anteponer los derechos del que tiene la capacidad de imponer condiciones a la hora de firmar un contrato, frente al que no tiene otra solución que aceptar, o quedarse sin vivienda.

Esos derechos no son legítimos, porque se han adquirido en virtud de la posición dominante del banco. Los bancos han disfrutado de la posibilidad de establecer las condiciones bajo las cuales te prestan un dinero, garantizándose que siempre lo van a recuperar con creces; en algunas ocasiones, cobrándote unos intereses legales, y en otras, cargando intereses de usura, más gastos injustificables, como p.ej. 30 € en concepto de gastos de reclamación, en cuanto un recibo no puede cargarse en fecha (normalmente el día 1 de cada mes. A ver quién ha cobrado la nómina ese día…).

Y al tercer recibo impagado, la ley les autoriza a declarar el préstamo en mora. O sea, a reclamarte por vía judicial la devolución de la totalidad de la deuda, incrementada en los intereses de demora y en los gastos técnicos y jurídicos que digan haber incurrido.

Y como no se va a poder pagar, se saca el piso a subasta por un nuevo valor de tasación, a precio de mercado actual, no al precio en que se tasó inicialmente, o se adquirió. Y si, como es lo más probable, no es vendido la tercera vez que se saca, el banco puede quedárselo por el 60% de dicho valor.

Pongamos un ejemplo. En 2007 un piso en venta se tasó en 250.000€ (“¿El director de la oficina X de CajaMxxxx? que soy el tasador de TasaMxxxx; que en cuánto hay que poner el piso de la calle tal, número cual… Sobre los 250, no? Vale”).

Total de la operación, aplicando la hipoteca del 110%, entre gastos (un 7%) y extras, casi 300.000€, de los que, según el sistema francés, los primeros años sólo pagas intereses. En 2010, el propietario se queda en paro. En 2011, empieza a tener problemas para pagar las cuotas, y se acumulan los fatídicos tres recibos. En 2012, se insta el lanzamiento (curioso término que denota “desposeer al deudor de la vivienda con que garantizó la operación, y sacarlo de la misma de grado o por la fuerza”, como hemos visto muchas veces en la tele).

Nueva tasación de la vivienda, a tenor de la caída de los precios: 200.000€. Sale a subasta por dicha cantidad. Hay dos posibilidades, que el banco envíe a una filial suya a pujar por 100.000€, o que espere a que quede desierta, adjudicándosela por 120.000€. Muchos hacen lo primero. El deudor se queda sin casa, y se restan, pongamos, 120.000€ de los 350.000€ a los que se ha elevado la deuda, entre intereses de demora, gastos y costas. Resultado final: el banco se queda con una vivienda que tasó en 250.000€, por 120.000€, el deudor se queda sin casa, y debiendo, pongamos, 200.000€.

En un par de años, el banco coloca dicha vivienda por otros 250.000€, y a otra cosa mariposa.

Resumen: el banco nunca pierde. El ciudadano, sí. Y mucho.

Tengamos en cuenta que lo último que se deja de pagar suele ser la hipoteca y la luz. Eso nos lleva a que hay mucha, muchísma gente, que está malcomiendo, sobreviviendo gracias a la ayuda familiar, yendo al restaurante de IKEA (gracias, señores suecos, http://www.ikea.com/ms/es_ES/FOOD/index.html), que por 1€ dan un menú infantil, o por 4,95€ un plato de albóndigas con puré de patata. El café cuesta 1€, y lo puedes rellenar las veces que quieras. El agua es gratis (de grifo).

También está Caritas, desbordado por la cantidad de personas que solicitan su ayuda para comer, o pagar el recibo de la luz, amenazados de corte.

Una situación insufrible. Injusta a todas luces. Y que salgan… (iba a decir “personas”, pero dudo de ello) individuos como un tal González Páramo, para quien las deudas con los bancos “son sacrosantas”, o una exministra exsocialista, Trujillo, de quien cabría esperar algo de sensibilidad humana, diciendo a los desahuciados que paguen sus deudas…

Lo justo sería que el Estado se ocupara de los débiles, que entre otras cosas, para eso está.

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¿Todo tiene un precio?

Precio: “Valor pecuniario en lo que se estima algo”. DRAE.

Esta vivienda tiene un precio de equiscientosmil €. Eso lo dice una persona, por lo general con titulación universitaria superior, que se dedica profesionalmente a estipular el valor de un bien, al que todos tenemos (en teoría) derecho constitucional. Esa persona es “EL TASADOR”. No voy a extenderme en la responsabilidad que pueda derivarse para este colectivo, de los que, por cierto, no se habla casi nada en medio de este monumental derrumbe.

Algo parecido le dirían a Amaia Egaña, y a su marido, José Manuel Asensio, cuando fueron a preguntar por el precio de la vivienda situada en el número 11 de la calle Escuela de Artes y Oficios de Baracaldo. También le dirían que la entidad X le prestaría esa cantidad, o muy parecida, incluso puede que algo más, y que no se preocupase, que antes de que quisiera darse cuenta, tendría pagado su piso.

Puede que Amaia no fuese lo suficientemente cauta, o que no pensara que ella y su marido pudieran tener problemas económicos antes de terminar de pagar. Puede que no se diera cuenta de que estaba viviendo por encima de sus posibilidades, porque en realidad, no lo hacía. Sólo quería vivir en un piso de su propiedad; no especular, ni estafar. No tenía intención de enriquecerse ilícitamente. Sólo quería vivir.

Esta mañana, a las 9:23h, llamaban a su puerta los funcionarios que venían a decirle que esa casa ya no era su casa. Esa casa era del banco. Al no poder pagar tres cuotas consecutivas, se había iniciado un proceso cuyo desenlace ha sido que Amaia ha subido a una silla, y luego se ha bajado por el otro lado. El que daba a la calle. Desde cuatro pisos de altura. Muerta instantáneamente. Deja un marido y un hijo de 21 años.

Esta muerte, y las de las dos víctimas anteriores, deberían pesar en la conciencia de quienes no sólo han permitido esta situación, sino que pudiendo, no han hecho nada para remediarlo: los legisladores. Pero aún más en la de quienes no tienen medida en su voracidad: los responsables bancarios.

Hoy Amaia ha pagado por su vivienda el precio más alto. Y aún así, se la quedará el banco. Hoy, el significado de precio no es el del inicio. Es más como el siguiente:

“Esfuerzo, pérdida o sufrimiento que sirve de medio para conseguir algo, o que se presta y padece con ocasión de ello.”

Amaia ha pagado con su vida. Un precio demasiado alto.

Desde aquí pido a los jueces que apliquen un principio que muchos otros colectivos no dudan en utilizar: la objeción de conciencia. Dado que entienden y entendemos que a todas luces la ley que se está aplicando no es justa, que se nieguen a dictar autos en este particular. Que no den trámite a demandas claramente asimétricas. Que pidan audiencia a los demandados. Que escuchen a los que sufren. Que impartan JUSTICIA, y eviten aplicar una LEY INJUSTA.

Amaia, en tu memoria.

Descansa en paz