Ocho de marzo

Dice un periodista a quien respeto mucho, hoy, en el diario que dirige: “yo también soy machista”. Otro, también referente, dedica su artículo de hoy a su madre. Ambos me han hecho pensar, y entre los dos me han llevado a recordar, y en consecuencia, a escribir.

Pertenezco a las generaciones de los nacidos a finales de los 50. En consecuencia, hemos vivido una época en la que días como hoy eran simplemente, inconcebibles. Mujeres manifestando, clamando, que son personas, iguales a las demás (hombres), condición que tradicionalmente se les ha negado.

Se dice que la educación es el todo. Coincido. Absolutamente. En mi casa, mi padre trabajaba (en la obra, en el taller, en la fábrica de muebles,…), y mantenía económicamente a la familia. Mi madre era, simplemente, ama de casa. Me tomo la libertad de incluir la viñeta del eterno Forges, en homenaje a ambos.

Si estábamos sentados a la mesa, y faltaba agua, decíamos “mamá, trae agua”. Sin más. Y mamá traía agua. Muy mal teníamos que verla para ir otro que no fuese ella.Ella bajaba a la compra, hacía la comida, ponía la mesa, traía los platos, retiraba todo, fregaba los cacharros, etc.

Se asumía con total normalidad. Era la madre, y la casa estaba a su cargo. Eso incluía hacerlo todo, excluyendo alguna reparación doméstica (enchufes, grifos, y poco más), o pintar la casa, casi única actividad en la que recuerdo a mi padre, cosa que no se hacía todos los años.

Pocas veces tuve palabras de agradecimiento hacia ella, pese a las constantes manifestaciones de amor por su parte hacia todos nosotros. Ya es demasiado tarde.

Valga esto de catarsis, de vaciamiento, de reconocimiento, de agradecimiento, de homenaje, a mi madre, símbolo de todas las madres que en el mundo han sido. Sin ella, simplemente, yo no estaría aquí.

Mamá, gracias. Te quiero.

Anuncios

¿Taxi o autobús?

Un taxista inteligente sabe que…

  • Cada carrera es única.
  • Los clientes van en taxi porque pueden ir solos y cómodos.
  • Los viajes en vacío son parte del negocio; las carreras cubren los gastos.

Por otro lado, quien elige operar un servicio de autobuses, conoce que…

  • Cada trayecto está predefinido, y la gente lo utiliza porque su trazado es útil.
  • La gente que va en autobús no le importa viajar con más gente, y es más barato.
  • Los viajes en vacío (o incluso los poco llenos) hacen perder mucho dinero.

Es relativamente fácil entrar en el negocio del taxi (bueno, de los coches de alquiler, como Uber o Cabify). Te apuntas, empiezas haciendo unos cuantos viajes, y enseguida estás trabajando a jornada completa.

Lo de los autobuses, o generalizando al sector de los viajes colectivos, es mucho más complejo. Se requiere una demanda importante, y el número mínimo de viajeros es muy superior a uno.

Ambos negocios pueden ser muy interesantes, si se tiene en cuenta la escala apropiada, y se sabe qué se quiere hacer.

El consejo, y el objeto de la metáfora, es darse cuenta de que no es posible empezar con un taxi, y gradualmente crecer hasta tener una flota de autobuses. Y viceversa.

Nota: Extracto y traducción libre de “http://sethgodin.typepad.com/seths_blog/2017/08/the-taxi-or-the-cruise-ship.html”

Más o menos

Más crear. Menos consumir.

Más guiar. Menos seguir.

Más contribuir. Menos tomar.

Más paciencia. Menos intolerancia.

Más conectar. Menos aislar.

Más escribir. Menos mirar.

Más optimismo. Menos falso realismo.

(By Seth Godin)

Educando en la certidumbre* (Art. original de Seth Godin)

Así es como está organizada la educación tradicional:
Seguro que mañana tendrás clase de ciertas asignaturas.
Esas clases se ceñirán al plan de estudios. Seguro.
Seguro que tendrás que examinarte.
Si apruebas los exámenes, seguro que pasarás de curso.
Si apruebas con buena nota, seguro que irás a una buena universidad (a lo mejor no es tan seguro, pero bueno…).

Si repites obedientemente estos pasos durante más de diez años, seguro que conseguirás un trabajo, con un horario y un plan de carrera (esto tampoco es tan seguro).
Se te dice qué debes hacer, y cuando respondes recitando los apuntes que has tomado, se te premia.

Oops.
Hemos preparado a la gente para estar segura durante años, y luego les lanzamos a una cultura y una economía en las que apoyarse en la certidumbre no les beneficia en casi nada.

Criar a los niños en libertad, dejarles correr por mitad del monte, experimentar el deseo de decidir por uno mismo… parece una forma más robusta y resistente de prepararles, no? ¿Quién te enseña qué hay que hacer cuando las cosas seguras no suceden?

Nota del autor: su ebook “Stop Stealing Dreams” está disponible en este enlace. Bienvenidos de nuevo a clase.


* Aquí inauguro una nueva línea de posts, que serán traducciones de alguna entrada de algún blog que sigo y/o me interesa. En este caso corresponde al blog de Seth Godin (http://sethgodin.typepad.com/seths_blog), quien me ha dado permiso expreso para traducir y compartir alguna de sus entradas.

Nos expropian el sol

Parecía que iban de farol. Que solo era un globo-sonda para meter miedo, y evitar que la gente se lanzara a instalar paneles solares para reducir la factura de la luz.

Pero no. Lo han hecho.

Es duro decirlo, y más en mi caso, pero aún tengo memoria, y recuerdo que hace unos años, en mi casa paterna, con un solo sueldo y sin lujos, la calidad de vida que teníamos no era peor que la de ahora. Cierto que no había muchísimas cosas que ahora sí tenemos, incluyendo el nivel de vida que ahora parecemos disfrutar, pero todos los años podíamos ir unos días a la playa, comíamos razonablemente bien, pagábamos las facturas de luz, teléfono, gas y agua, sin demasiados problemas, nos comprábamos algo de ropa de vez en cuando, y salíamos con amigos los fines de semana. La pobreza, con la que convivíamos habitualmente, era una pobreza digna, y no era tan difícil mejorar tu situación.

Los autónomos y pequeños empresarios, con esfuerzo (pero no más que ahora), vivían relativamente desahogados.Los trabajadores por cuenta ajena tenían sueldos modestos en general, pero las cosas tenían un precio mucho más asequible. Al menos las necesarias.

Y sabíamos lo que era “apretarse el cinturón”. Éramos conscientes de nuestras posibilidades, y nos adaptábamos a ellas. Si no había para un coche grande, nos comprábamos uno pequeño. Si no había para pagarse un mes de hotel en Mallorca, nos íbamos de camping, con todos los trastos para hacer la comida y demás. De vez en cuando podíamos ir a comer de restaurante, casi como ahora, vamos.

Triste balance, el que nos hace pensar que tenemos que aguantar que roben, nos estafen, vendan lo que es nuestro para que otros hagan negocio.

Nos han metido en Matrix, y no nos hemos dado cuenta.

Los amigos perdidos

Dicen que los padres te vienen dados, pero los amigos los eliges tú. He estado pensando en esos amigos que un buen día, te das cuenta de que ya no están.

No me refiero a los que han muerto, como Javi Lobo, o Kike Ordejón. Hablo de personas a las que has considerado amigos de verdad; con quienes has compartido algunas de las pocas cosas de valor que hay en la vida, tardes malditas, días tristes, fiestas inolvidables, simples paseos charlando de esto y aquello.

amigosAmigos que te han dejado su hombro para llorar, o que has tenido que animar en algún mal momento. Amigos que emplearon tiempo en elegir algún regalo para tu cumpleaños. Que te escribieron cartas contándote cómo les iba.

Amigos que te acompañaron cuando sufriste alguna pérdida dolorosa. Con los que celebraste el último aprobado, o ese primer empleo. O has sido testigo del reparto de bienes cuando su divorcio.

Unas relaciones te llevan a otras, y a veces te alejan de algunas. Pero los amigos… los de verdad, siempre están ahí. Me precio de tener muy buenos amigos. No muchos, pero muy buenos. De la más alta calidad.

También he perdido algunos buenos amigos. En algún caso, sin saber muy bien por qué. Se va dejando de llamar, se comete algún error, se actúa de forma impulsiva o irreflexiva, te vas distanciando, y llega un momento en que te das cuenta de que esa persona tan cercana ya no tiene nada en común contigo.

A veces les echo de menos.

Confiemos unos en otros

Lo peor que nos puede pasar, el peor pecado que podemos cometer, es perder la confianza en los demás.

La falta de confianza es como la envidia. Nos hace infelices, sin hacer feliz a nadie. Nos hace recelosos. Nos hace sospechar de todo y de todos. Con razón o sin ella.

La envidia te corroe por dentro. La desconfianza te amarga el alma.

Sin confianza, no podemos convivir unos con otros, porque siempre estaremos mirando por encima del hombro. Nunca podremos dormir tranquilos, descansar, por miedo a que ser traicionados.

Es gracias a la confianza por lo que el mundo se mueve. Gracias a que unos confían, los otros pueden desarrollar sus posibilidades. Si hoy desapareciese la confianza, no habría un mañana.

La mayor prueba de amor es confiar en aquellos a quienes quieres. Aunque te hubieran fallado. Aunque no hubiesen estado a la altura de lo que esperabas de ellos. Aunque parezca que hay motivos.

Ninguno somos perfectos. Pero incluso los criminales más abyectos, merecen el privilegio de la duda. Merecen ser defendidos. Y si son culpables, merecen que sus crímenes se borren después de un tiempo, y de saldar su deuda.

Entonces, ¿por qué nos seguimos acusando de cosas ya olvidadas?¿Por qué empleamos más tiempo en hacer recuento de fallos, que en decirnos lo que apreciamos unos de otros?¿Por qué buscamos la menor ocasión para echarnos en cara cualquier fallo que hayamos podido cometer?

Hace poco escuché a Pedro García Aguado (Hermano Mayor) decir en una entrevista: «Aquellos padres a los que yo odiaba dieron la cara para mi recuperación. Si mis hijas me dicen que consumen, empiezo a ahorrar dinero para su tratamiento. Pero ya he hecho un trabajo previo, un trabajo de autoeficacia, y ellas han crecido con unos referentes distintos». En cierto modo, me gustaría ser como él.

Confiemos.